Carmen y su valor

Publicado por Olga Maya en

Fotografía: Estación Internacional de Canfranc. Fuente: Internet

 

Noviembre de 1944, Estación Internacional de Canfranc

Carmen llegaba tarde al trabajo. Su madre se encontraba mal, por lo que estuvo ayudándola  a preparar la comida y a vestir a sus hermanos. Por el camino reflexionaba sobre su vida, a sus veinte años apenas podía conseguir un momento para ella misma: entre ayudar a su madre,  cuidar de su familia, las penurias económicas.

El tema amoroso tampoco era esperanzador, su único pretendiente era el pesado de Manolín. Siempre la quería llevar de paseo,  le decía que era el amor de su vida y que acabaría siendo su esposa. Cuando se le acercaba y notaba el hedor que desprendía, le entraban náuseas, por no hablar de esos dientes amarillos y el pelo grasiento. ¿Es que no podía aspirar a alguien mejor?

Tenía miedo, se sentía insegura y con la sensación de no tener fuerza para seguir luchando, había perdido su fuerza interior, su valor.

A pesar de todo, lo que realmente le preocupaba era su jefe, Antonio. Era la persona más amargada  y malhumorada que había conocido jamás. Siempre recriminando cualquier cosa por insignificante que fuera. Parecía que notaba su inseguridad, porqué con ella era especialmente severo. Le gustaba ponerla en evidencia, por lo que solo verlo se ponía a temblar.

A Carmen le encantaba su empleo, lo había conseguido tres años atrás, gracias a su dominio del francés,  su abuelo paterno siempre le hablaba en esa lengua tan dulce, con ese acento tan especial.

A pesar de ser una persona por lo general tímida y retraída, con lo que más disfrutaba era con el trato al público. Le encantaba cuando la estación era un bullicio y se llenaba tanto de españoles como franceses, cruzando la frontera. Lo que más la inquietaba era el flujo constante de tropas militares , la segunda guerra mundial estaba en un punto muy complicado, deseaba que terminara, ya que le commovia ver el sufrimiento en las caras de los pasajeros.

Fotografía: Escalera interior de Canfranc. Fuente: La Casa Lila

Miró el reloj, pasaban quince minutos de su hora de entrada. Empezó a subir las preciosas escaleras de la estación, rezando por no encontrarse con Antonio. Tenía miedo de que la despidiera en uno de sus arrebatos. Casi temblando, se puso la mano en el bolsillo y cogió el frasco.

Su amiga Margarita, le había preparado un ungüento con cera de abejas y hierbas recolectadas durante todo el verano. Le había dicho que le daría valor para enfrentarse a su jefe.

Se puso un poco en el cuello e inhaló tres veces. Al principio se imaginó a Antonio sentado en el retrete, con los calzoncillos bajados y cara de estreñido, como cualquier mortal. En seguida desechó la idea que le había propuesto Margarita. Ciertamente tenía que verlo como una persona a su mismo nivel para perderle el miedo, pero el olor que la invadió era demasiado especial como para asociarlo a tal imagen.

Abrió los ojos, caminó hacia su puesto de trabajo, dejó el bolso y se acomodó. Al levantar la vista, su jefe se se acercaba a paso ligero, con el  entrecejo fruncido, la mirada en llamas y tieso como si llevara un palo por el trasero. Carmen empezó a levantarse de la silla, hasta quedar de pie, notando como una fuerza interior se expandía por su cuerpo.  La determinación se reflejaba en su postura, la espalda erguida, la barbilla bien alta, los brazos en jarras y la mente concentrada en su objetivo, había llegado el momento …

– Valor II: es una mezcla de acietes esenciales compuesta por Ylang ylang, Incienso, Bergamota, …

Fortalece el cuerpo tanto a nivel espiritual como físico. Ayuda a vencer el miedo y la oposición en los momentos de  adversidad.

Fomenta el coraje,  la confianza en uno mismo y la autoestima.

Ayuda a abrir y liberar los bloqueos emocionales.

 

Os animo a poner este destino en lugares pendientes. La primera vez que visité la estación de Canfranc me enamoró, quizás porqué iba con el amor de mi vida.

nota: La foto de las escaleras me inspiró ésta historia, que  por cierto,  es ficción y cualquier parecido con la realidad es pura casualidad 😉  Sed benevolentes,  es mi primer relato, glups!

 


3 commentarios

María Campos · 2 junio, 2017 a las 12:41 pm

Es un relato precioso Olga,
Me ha gustado mucho y cómo lo has relacionado con los aceites. Gracias

    Olga · 2 junio, 2017 a las 12:49 pm

    Muchísimas gracias María, me alegra saber que te ha gustado y que se ven reflejados detalles sobre los aceites esenciales de Young Living. Un abrazo, Olga.

Mi proceso con Emoalimentacion | La Casa Lila · 28 octubre, 2019 a las 4:18 pm

[…] Valor: inhalar y aplicar en la zona de las suprarenales, te infunde coraje y fuerza para llevar a cabo cambios. […]

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